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Los egipcios plantan cara a Mursi y le recuerdan: “La revolución continúa”

Público.es

El espíritu de la revolución egipcia se ha vuelto a adueñar de la plaza cairota de Tahrir. Los partidos laicos de la oposición al presidente Mohamed Mursi organizaron una manifestación contra el decretazo del mandatario a la que han respondido decenas de miles de personas.

En la protesta se han producido enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes que se han saldado con la muerte de un joven de 28 años al sufrir complicaciones respiratorias tras inhalar gases lacrimógenos lanzados por las fuerzas de seguridad. El manifestante fue trasladado a un hospital cercano para recibir tratamiento médico, pero los facultativos no pudieron hacer nada para salvar su vida.

Los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad se desarrollan desde hace días en la plaza Simón Bolivar, próxima a Tahrir. En esta jornada de protestas se registró un segundo fallecido, un miembro de la izquierdista Corriente Popular Egipcia -liderada por el excandidato presidencial Hamdin Sabahi-, que sufrió un infarto durante la marcha.

Pese a los citados enfrentamientos, el ambiente en Tahrir se mantuvo pacífico aunque reivindicativo, con una gran multitud pidiendo que Mursi rectifique y retire su controvertida acta constitucional. El pasado jueves, el presidente declaró que todas sus decisiones son definitivas e inapelables ante la Justicia hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución y que las actuales Cámara alta del Parlamento y Asamblea Constituyente son indisolubles.

La protesta de hoy, convocada por partidos de izquierda, liberales y otros grupos, marca un paso más en la peor crisis a la que se enfrenta el político de los Hermanos Musulmanes desde que fue elegido el pasado mes de junio y expone una brecha entre los islamistas, ahora en el poder, y sus rivales. Algunos manifestantes han acampado desde el viernes en la plaza, donde destaca una pancarta que reza “Egipto para todos los egipcios”. Además, se han producido hechos violentos en todo el país, incluida una localidad al norte de El Cairo en la que un joven de los Hermanos Musulmanes murió en enfrentamientos el domingo. Además, cientos de personas han resultado heridas.

Los congregados en Tahrir han coreado con una sola voz que “la revolución continúa” y que “el pueblo quiere la caída del régimen”, en un nuevo paso en sus demandas contra lo que consideran la “dictadura” de Mursi y de los Hermanos Musulmanes. “Mursi es mucho más peligroso que (el expresidente Hosni) Mubarak. Solo piensa en los Hermanos Musulmanes, que buscan controlar todo”, declaró a la agencia Efe Ihab Yusef, empleado en un banco.

Este sentimiento era mayoritario en Tahrir,  donde los manifestantes criticaron no solo la citada declaración constitucional, que ha sido la gota que ha colmado el vaso de su paciencia, sino el dominio de las fuerzas islamistas en la asamblea que redacta la nueva Constitución. Tahrir volvió a ser el punto en el que confluyen todos los caminos, con marchas provenientes de varias mezquitas de El Cairo en las que participaron personalidades como el Premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, el excandidato presidencial Hamdin Sabahi y el conocido escritor Alaa el Aswany.

La división de la sociedad egipcia, palpable desde la llegada al poder de Mursi, se ha hecho aún más evidente desde el acta constitucional. Para apoyar estas decisiones, los Hermanos Musulmanes habían convocado para esta jornada otra manifestación cerca de la Universidad de El Cairo, que ayer decidieron cancelar para evitar disturbios con los opositores al presidente. Aunque se retiraron de El Cairo, los islamistas hicieron una demostración de fuerza en la ciudad septentrional de Alejandría, uno de sus bastiones.

Al margen de la plaza, pero con un ojo en la misma, los miembros del Consejo Superior de Justicia, críticos con las decisiones de Mursi, mantuvieron hoy una reunión de más de siete horas en la que participó el nuevo fiscal general, Talat Ibrahim, en el cargo gracias al decreto presidencial. El acta constitucional no solo ha calentado la calle y unido a los liberales, sino que ha reforzado el pulso entre el poder judicial y el jefe de Estado, que no parece dispuesto a que los magistrados se interpongan en su camino.

Se oficializa el golpe de Estado en Egipto

Por Olga Rodríguez

El golpe de Estado en Egipto se inició en realidad en febrero de 2011, cuando la Junta militar tomó el mando del país. Lo ocurrido en los últimos días solo confirma una realidad que muchos –incluidos gobiernos occidentales– se negaron a admitir, dando legitimidad a un proceso de transición controlado y maniatado por los generales egipcios.

Desde la caída de Mubarak y en nombre de la estabilidad, la cúpula del Ejército ha amparado la represión –que ha causado más de cien muertos y miles de heridos en un año (ver vídeo)–, los arrestos arbitrarios, los juicios militares a civiles, la censura e incluso los “exámenes de virginidad”, un eufemismo empleado por los oficiales para referirse a los abusos sexuales sufridos por mujeres manifestantes a manos de militares.

En esta última semana la Junta militar, ya sin disimulo, ha sacado músculo para secuestrar la presunta transición política. Anoche, tras el cierre de los colegios electorales, la cúpula castrense anunció a través de su órgano de propaganda, la televisión estatal egipcia, nuevas disposiciones constitucionales por las que se reserva el poder legislativo y el presupuestario. De ese modo reduce considerablemente las competencias del futuro presidente del país y pretende garantizarse el control de Egipto.

Diversos activistas y organizaciones impulsoras de las revueltas de 2011 llevaban tiempo llamando al boicot electoral o denunciando la falta de legitimidad de las elecciones. (Ver fotos de algunos votos nulos con mensajes de denuncia hallados ayer en las urnas y vídeo titulado “El próximo presidente”, protagonizado por conocidos activistas que advierten del abuso del poder militar).

Los comicios presidenciales se han celebrado bajo el paraguas de la Junta militar con la coordinación de una Comisión electoral integrada por personas vinculadas al régimen y presidida por Farouk Sultan, también presidente del Tribunal Constitucional desde que Mubarak lo nombró en 2009. El pasado jueves dicho tribunal anuló las elecciones legislativas, disolvió el Parlamento y dio el visto bueno como candidato presidencial a Ahmed Shafiq, ex ministro y ex primer ministro de Mubarak.

Ni Morsi ni Shafiq: el Ejército

Según los datos difundidos hasta ahora, el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, ha obtenido más respaldo en las urnas que su rival, Ahmed Shafiq. En plena madrugada, a las cuatro de la mañana, Morsi compareció públicamente para declararse vencedor. De momento, Shafiq no ha admitido su derrota y faltan por conocer los resultados oficiales. Pero en realidad, tras la declaración constitucional de la cúpula militar, el verdadero ganador, al menos de momento, es el Ejército.

Los altos mandos de las Fuerzas Armadas, que controlan el país desde 1952, gozan de una serie de privilegios a los que no van a renunciar fácilmente. Están exentos del pago de algunos impuestos, gestionan fábricas y empresas cedidas por el Estado y controlan alrededor del 30% de la industria del país. Tras la firma de los acuerdos de paz de Camp David entre Egipto e Israel ratificados en 1979 –y a partir de los cuales El Cairo actuó como aliado de Tel Aviv–, Estados Unidos comenzó a invertir 1.300 millones de dólares anuales en el Ejército egipcio. Lo sigue haciendo en la actualidad, a pesar de que se trata de ese Ejército impune que ampara la represión.

“La histórica relación de Estados Unidos con Egipto es una pieza central de la política exterior estadounidense en Oriente Medio y el norte de África –afirmó en marzo de 2011 Robert Gates, a la sazón secretario de Defensa estadounidense–. La alianza entre los ejércitos egipcios y estadounidense se ha fortalecido en treinta años, y es una parte integral del camino que nuestros dos países impulsan por sus intereses comunes y por el avance de la estabilidad en una región a menudo tumultuosa”.

A tenor de los acontecimientos, parece que dicha estabilidad se limita a la de los intereses del Ejército egipcio, de Washington y de sus aliados en la región, y no a la que pueda beneficiar a la población de Egipto.

“La revolución pedía pan, libertad y justicia social. Nos han dado Ejército, policía y policía militar”, reza un cartel difundido estos días en la Red por diversos activistas egipcios.

Ya lo hicieron en Libia, ahora van por Siria

La OTAN prepara la mayor operación de intoxicación de la historia

Red Voltaire

Red de Prensa No Alineados

Adital

Por Thierry Meyssan

Países miembros de la OTAN y del Consejo de Seguridad del Golfo (CCG) están preparando un golpe de Estado y un genocidio sectario en Siria. Si usted desea oponerse a esos crímenes, actúe de inmediato. Haga circular este artículo a través de Internet y póngase en contacto con sus representantes democráticamente electos.

Red Voltaire | Damasco (Siria)| 10 de Junio de 2012

Dentro de varios días, quizás a partir del mediodía del viernes 15 de junio, los sirios que traten de ver los canales nacionales sólo captarán en sus televisores otros canales creados por la CIA. Imágenes filmadas en estudio mostrarán masacres imputadas al gobierno, manifestaciones populares, ministros y generales dimitiendo, al presidente al-Assad dándose a la fuga, a los rebeldes reuniéndose en pleno centro de las grandes ciudades así como la llegada de un nuevo gobierno al palacio presidencial.

El objetivo de esa operación, dirigida directamente desde Washington por Ben Rhodes, consejero adjunto de seguridad nacional de Estados Unidos, es desmoralizar a los sirios y permitir así un golpe de Estado. La OTAN, luego de haberse estrellado contra el doble veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU, lograría así conquistar Siria sin tener que atacarla ilegalmente. Sea cual sea la opinión de cada cual sobre lo que está sucediendo en Siria, Lo cierto es que un golpe de Estado pondría fin a toda esperanza de democratización.

De forma totalmente oficial, la Liga Árabe ha solicitado a los operadores de los satélites Arabsat y Nilesat que pongan fin a la retransmisión de los medios sirios, tanto públicos como privados (Syria TV, Al-Ekbariya, Ad-Dounia, Cham TV, etc.). Ya existe un precedente dado que la Liga Árabe impuso anteriormente la censura contra la televisión libia para impedir que los dirigentes de la Yamahiria pudieran comunicarse con su propio pueblo. No existe en Siria ninguna red hertziana en que los canales de televisión se capten exclusivamente vía satélite. Pero este corte no dejará las pantallas en blanco.

En efecto, esta decisión sólo es la parte visible del iceberg. Según nuestras informaciones, varias reuniones internacionales han tenido lugar esta semana para coordinar la operación de intoxicación. Las dos primeras reuniones, de naturaleza técnica, se desarrollaron en Doha (Qatar). La tercera, de carácter político, tuvo lugar en Riad, (Arabia Saudita).

En la primera reunión participaron los oficiales de guerra sicológica «incrustados» en varias televisiones satelitales, como Al-Arabiya, Al-Jazeera, BBC, CNN, Fox, France24, Future TV y MTV –ya es sabido que desde 1998 oficiales de la United States Army’s Psychological Operations Unit (PSYOP) han sido incorporados a la redacción de la CNN, práctica que la OTAN extendió después a otras estaciones televisivas de importancia estratégica. Estos oficiales redactaron de antemano una serie de noticias falsas, en función de una historia falsa concebida por el equipo de Ben Rhodes, en la Casa Blanca. Se estableció un procedimiento de validación recíproca en el que cada medio debe citar las mentiras de los demás para darles credibilidad a los ojos de los telespectadores. Los participantes decidieron además no limitarse a requisicionar únicamente los canales de la CIA para Siria y el Líbano (Barada, Future TV, MTV, Orient News, Syria Chaab, Syria Alghad), sino también unos 40 canales religiosos wahabitas que exhortarán a desatar masacres confesionales bajo la consigna «¡Los cristianos a Beirut, los alauitas a la tumba!»

En la segunda reunión participaron ingenieros y realizadores encargados de planificar la fabricación de imágenes de ficción, en las que se mezclan secuencias rodadas en estudios a cielo abierto con imágenes generadas por computadora. En estas últimas semanas se han montado, en Arabia Saudita, varios estudios que imitan los dos palacios presidenciales sirios y las principales plazas de Damasco, de Alepo y de Homs. Ya existían ese tipo de estudios en Doha, pero resultaban insuficientes dada la envergadura de la operación planteada.

En la tercera reunión participaron el general James B. Smith, embajador de Estados Unidos; un representante del Reino Unido y el príncipe saudita Bandar Bin Sultan, el mismo a quien el presidente George Bush padre designaba como su hijo adoptivo, al extremo que la prensa estadounidense comenzó a llamarlo «Bandar Bush».El objetivo de esta reunión fue coordinar la acción de los medios con la acción del «Ejército Sirio Libre», conformado esencialmente con los mercenarios a sueldo del príncipe Bandar.

La operación ya venía gestándose desde hace meses, pero el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos decidió acelerarla después de que el presidente ruso Vladimir Putin notificó a la Casa Blanca que Rusia se opondrá por la fuerza a todo intento ilegal de intervención de la OTAN contra Siria.

Esta operación comprende dos etapas simultáneas: por un lado, inundar los medios de noticias falsas, y por el otro, censurar o bloquear toda posibilidad de respuesta.

El hecho de prohibir las televisiones satelitales para desencadenar y dirigir una guerra no es nada nuevo. Bajo la presión de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea han prohibido sucesivamente canales de televisión libaneses, palestinos, iraquíes, libios et iraníes. Ningún tipo de censura se ha impuesto contra canales vía satélite provenientes de otras regiones del mundo.

La difusión de noticias falsas tampoco es nada nuevo. Cuatro pasos significativos en el arte de la propaganda se han dado por vez primera durante el último decenio.

-En 1994, una estación de música pop, la Radio Libre de Mille Collines (RTML) dio la señal que desencadenó el genocidio ruandés al exhortar a «¡Matar a las cucarachas!».

- En 2001, la OTAN utilizó los medios de prensa para imponer una interpretación de los atentados del 11 de septiembre y justificar los ataques contra Afganistán e Irak. Ya en aquella época fue Ben Rhodes el encargado de redactar, por orden de la administración Bush, el informe de la Comisión Kean Hamilton sobre los atentados.
- En 2002, la CIA utilizó 5 canales (Televen, Globovisión, Meridiano, ValeTV y CMT, para hacer creer que enormes manifestaciones habían obligado al presidente democráticamente electo de Venezuela, Hugo Chávez, a renunciar a su cargo, cuando en realidad estaba siendo víctima de un golpe de Estado militar.
- En 2011, France24 desempeñaba de facto el papel de ministerio de Información de Consejo Nacional Libio, al que incluso estaba vinculada por contrato. Durante la batalla de Trípoli, la OTAN hizo filmar en estudio y difundir a través de Al-Jazeera y de Al-Arabiya imágenes que mostraban a los rebeldes libios entrando en la plaza principal de la capital cuando en realidad se encontraban aún lejos de la ciudad, de manera que los habitantes, convencidos de que la guerra estaba perdida, cesaron toda resistencia.

Los medios de prensa ya no se conforman con apoyar la guerra. Ahora hacen la guerra.

Este dispositivo viola los principios básicos del derecho internacional, empezando por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que estipula el derecho a «recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». Y lo más importante es que viola las resoluciones de la Asamblea General de la ONU, adoptadas al término de la Segunda Guerra Mundial para prevenir las guerras. Las resoluciones 110, 381 y 819prohíben «los obstáculos al libre intercambio de informaciones e ideas» (en este caso, el bloqueo de los canales sirios) y «la propaganda tendiente a provocar o estimular cualquier tipo de amenaza contra la paz, de ruptura de la paz o todo acto de agresión». A la luz del derecho, la propaganda a favor de la guerra es un crimen contra la paz. Es incluso el más grave de los crímenes, ya que hace posibles los crímenes de guerra y el genocidio.

Siria: Un heroico combate popular

A menudo, los rasgos de una sórdida dictadura se muestran en la horrorosa combinación de la tortura generalizada, las masacres, los bombardeos de barrios populares, las más extravagantes y falsas declaraciones, su riqueza y corrupción, así como los instrumentos de coerción de los que se ha dotado. El clan Bachar el-Assad acaba de ilustrar, una vez más, ese “modelo”.

Formas de dictadura

Tras haber bombardeado durante casi un mes el barrio de Bab Amr, en Homs, la televisión estatal (por tanto “privatizada” por la camarilla dictatorial) afirma que ¡“Las bandas terroristas han secuestrado ciudadanos en Homs, les han asesinado y filmado para suscitar reacciones internacionales contra Siria”! Una afirmación que se sitúa en la misma línea de los métodos del ministro nazi de “Educación popular y Propaganda” del III Reich, Joseph Goebbels. Por desgracia, esas alegaciones están avaladas por ciertos “antiimperialistas”. Tienen la misma textura que las que avalaban las “demostraciones” del régimen estalinista de la URSS, en los años 1930 o 1950, que afirmaban la inexistencia de “campos de concentración” sin embargo documentados por la “prensa imperialista”.

En cuanto a las manías y caprichos dictatoriales del clan Assad, el diario británico The Guardian acaba de publicar, el 15 de marzo de 2012, correos reveladores de la vida cotidiana de un dictador que, además de masacres, organiza referéndums (en febrero de 2012 sobre una Constitución que introduciría el “pluralismo político”) y elecciones legislativas para el 7 de mayo de 2012.

El diario británico resume así una parte del contenido de los correos: “Esta correspondencia entre “Sam” (Bachar) y “AK” (su mujer Asma) pinta el retrato de una pareja presidencial desconectada de la crisis y que continúa llevando un lujoso tren de vida”. La “desconexión” no es más que parcial. Algunos mensajes, que parecen provenir de Khaled al-Ahmed, uno de los consejeros de Bachar el -Assad para las “operaciones” contra las ciudades rebeldes de Homs y de Idlib, incitan al presidente a “reforzar su política de seguridad para restaurar el control y la autoridad del estado” y a “tomar el control de las plazas todos los días de 15h a 19h, para evitar las concentraciones de la oposición”.

Algunos pondrán en duda la “veracidad” de los correos. Les será difícil poner en duda que barrios enteros de Homs y de Idlib están destruidos, que los matones (los “shabiha”) del régimen, tras haber condenado al exilio a miles de habitantes, roban sus casas (ver la BBC del 15 de marzo de 2012). Igualmente, las concentraciones -muy bien controladas y filmadas desde un buen ángulo por la televisión estatal- de algunas plazas en las ciudades son presentadas como la expresión del “apoyo masivo” a Bachar el-Assad.

Hay derecho a preguntarse ¿porqué esas “demostraciones” son necesarias, cuando se trataría simplemente de combatir -cierto que desde hace más de un año y con un despliegue militar colosal- contra “algunas bandas terroristas, manipuladas por fuerzas extranjeras”?

Se encuentra aquí uno de los métodos de opresión propios de los regímenes dictatoriales: saben que con las “bayonetas es posible hacer muchas cosas, salvo sentarse encima”. De ahí la necesidad de alinear -de pie, en una plaza, con banderas y retratos del tirano- tres tipos de apoyos del régimen.

Primero, los muy dependientes del régimen y que temen perderlo todo: su estatuto y privilegios; segundo, los que están instrumentalizados, desde hace mucho, por el clan Assad y expresan temores y animosidades confesionales cuya ceguera es característica en la historia de estos conflictos construidos por camarillas aferradas al poder y, tercero, quienes están asustados por las bayonetas de las milicias paramilitares del Baas y se sienten obligados a “obedecer” las órdenes de acudir a la concentración.

Estas “multitudes” son presentadas por algunos medios como el “anclaje social real” del régimen. Estas fórmulas huelen aún al “respeto” que la Francia de Sarkozy manifestaba invitando a Bachar el-Assad al desfile militar del 14 de julio de 2008 en los Campos Elíseos; o la más discreta recepción, en diciembre de 2010, de Asma y Bachar el-Assad, que se fueron de compras por los mismos Campos Elíseos.

Guerra contra los civiles y provocación del éxodo

Las personas que defienden los derechos democráticos y sociales no pueden sino apoyar la lucha antidictatorial del pueblo sirio insurrecto. Sin embargo, demasiado a menudo, se expresan una simple indignación contra la represión y la demanda de que cesen las masacres. Ciertamente esto es necesario y urgente. Pero en más de una formulación repetida por los grandes medios o en fuerzas llamadas de “izquierdas” se hace referencia a la “escalada de la violencia”. Una expresión que iguala el terror dictatorial y la resistencia de una amplia mayoría de la población, cuya valentía y compromiso son la única explicación de un levantamiento tan largo. Otros ponen en guardia contra los “riesgos de una guerra civil”, cuando desde hace 12 meses se desarrolla una guerra contra los civiles. El sentido de esos enunciados se encuentra como trasfondo de los diversos planes discutidos en El Cairo, el 10 de marzo de 2012, por la Liga árabe (que reúne a numerosos poderes reaccionarios), en presencia de Rusia (Lavrov).

Durante ese tiempo, los funerales son ametrallados por tiradores de élite (snipers). Se apresa a los heridos en los hospitales, se les ata a la cama y se les tortura. Un símbolo de la ferocidad y del fanatismo de una dictadura. El 14 de marzo de 2012, Amnistía Internacional, en su informe titulado “Los supervivientes de la tortura hablan”, subraya: “Los testimonios que hemos recogido nos han dado una visión hiriente de un sistema de detención y de interrogatorio que, un año después del comienzo de las manifestaciones, parece tener como objetivo degradar, humillar y aterrorizar a sus víctimas a fin de obligarles al silencio”. Tras la toma del barrio de Bab Amr, las masacres de civiles son sistemáticas así como el robo de sus bienes. No deben volver.

Efectivamente, una política de limpieza de la población está puesta en pie desde hace algunas semanas. Está en marcha en Homs, en Idlib, en Dera y en otras partes. Tiene por objetivo las “comunidades” que primero han salido a la calle y luego han resistido a milicias que se comportan como ocupantes sin piedad. El objetivo de este terror de estado: suscitar el éxodo. El tríptico dictatorial puede resumirse así: los sirios deberían o bien someterse, o bien correr el riesgo de la tortura y la muerte, o bien “elegir” el éxodo. Una cierta partición del país está, de hecho, en marcha. Sin embargo, este peligro era denunciado por quienes se negaban, con ese pretexto, a sostener la insurrección popular, pacífica.

Para hacerlo, el clan Assad exacerba enfrentamientos “comunitarios”, “confesionales” y los instrumentaliza de forma preventiva para “limpiar” barrios y ciudades que ocupan el territorio junto al Mediterráneo: de Idlib a Homs y más al sur. La ONU ha contado ya un mínimo de 200.000 personas desplazadas y más de 30.000 personas obligadas al éxodo hacia Turquía, Líbano, Jordania. Un éxodo por caminos sembrados de minas antipersonas.

Sin embargo, a pesar del terror generalizado, la resistencia popular persiste en un contexto de crisis económica que desagrega al régimen y de una derrota política que no puede ser colmada solo por la fuerza militar.

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Punto de no retorno – La revuelta en Siria y sus repercusiones en la geopolítica internacional

Charles-André Udry

El pasado 1 de febrero Robert Fisk terminaba así su artículo en el periódico The Independent: “Pero hay una cuestión que no está planteada. Suponed que el régimen (de Bachar el-Assad) sobreviva. ¿sobre qué Siria ejercería su poder?”. Dicho de otra forma: la revuelta ha alcanzado un punto de no retorno. El registro, bajo todas las formas, por las fuerzas policiales y militares, de decenas de miles de manifestantes y de opositores –cada semana, cada día- en las diferentes ciudades y aldeas del país haría mañana muertos y encarcelados, torturados, suplementarios, si el combate se detuviera. Y si el régimen de la camarilla de Assad permaneciera. El terrible precio humano de este combate popular es conforme a la naturaleza odiosa e implacable del régimen, con el que ninguna negociación es posible y aceptable por los combatientes antidictatoriales.

El 4 de febrero de 2012, Khaled al-Arabi, miembro de la Organización Árabe de los Derechos Humanos, declaraba: “El ejército sirio bombardea con cohetes y morteros. Está cometiendo un baño de sangre de un horror jamás visto hasta ahora en la ciudad de Homs…”. Radio France Internationale (FRI), en la misma fecha, afirmaba: En Homs, son cerca de 300 las personas muertas sólo la jornada de ayer, viernes 3 de febrero de 2012, afirma el Consejo Nacional Sirio (CNS). Incluso si es difícil saber con precisión lo que ocurre en ese país cerrado a la prensa y sometido a un estricto control, las imágenes difundidas por las televisiones árabes y los testimonios recogidos evocan una violencia creciente y ciega. Los testimonios describen un bombardeo despiadado, una ciudad transformada en zona de guerra. Nadie, ni ningún barrio se ha librado de una “verdadera lluvia de bombas”. Y es un verdadero baño de sangre lo que se describe. El bombardeo de la ciudad ha comenzado ayer, viernes 3 de febrero hacia las 17 horas, hora local, y ha proseguido hasta el alba. Los testigos declaran que los primeros bombardeos se han concentrado sobre todo en el barrio de al-Khalidiya, donde numerosas casas se han hundido sobre sus ocupantes y donde se cuentan la mayoría de las víctimas. A lo largo de toda la noche, los balances no han dejado de crecer. Según los opositores del Consejo Nacional Sirio, es “una de las masacres más horribles desde el comienzo (el pasado marzo) del levantamiento en Siria”. La oposición estima que se trata de represalias tras nuevas deserciones registradas en el seno de las fuerzas armadas”.

Dos elementos destacan entre las diversas fuentes que se pueden recoger. En primer lugar, la revuelta contra el régimen dictatorial se ha ampliado desde noviembre de 2011. Alcanza las zonas urbanas más importantes. Por tanto, ha tomado forma y fortalecido un movimiento de la periferia hacia el centro durante estos últimos once meses. En el plano social, las capas que participan en la movilización contra la dictadura –el término revolución debe ser entendido en este sentido- se han ampliado también. Solo la existencia de tal “frente social” permite comprender el mantenimiento y el refuerzo de una organización que asegura: los días sucesivos de movilización; las consignas que dan su sentido a cada “viernes” de lucha contra el poder del clan Assad; la amplitud de los funerales, a menudo colocados bajo la protección de soldados que han desertado; los cuidados –ciertamente administrados en condiciones dramáticas- aportados a los centenares de heridos que no pueden ser cuidados en los hospitales, pues la llamadas fuerzas de seguridad vienen a secuestrarles para torturarles y matarles; la puesta en pie de redes de comunicación y de transporte en un contexto de guerra. Es sobre esta base social sobre la se basan las actividades de los comités Locales de Coordinación. La población en revuelta recibe una ayuda de la diáspora siria que dispone de recursos materiales. Pero el hecho de que no dependa de una fuerza “extranjera” ha reafirmado el sentimiento de que debe contar con sus propias fuerzas. Lo que dinamiza –a pesar de los suplicios y los dolores encajados- las múltiples ayudas mutuas y las formas de autoorganización.

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Un año revolucionando Egipto

Josep Maria Antentas y Esther Vivas Público

“Nunca imaginamos que íbamos a hacer una revolución. Esperábamos sólo unos cuantos miles de personas”. Así cuentan unánimemente los activistas egipcios sus expectativas sobre la protesta del 25 de enero de 2010 que, hace ahora poco más de un año, inició el principio del fin de la era Mubarak, cuya dimisión llegó el 11 de febrero. Siguiendo la chispa encendida en Túnez, la llama revolucionaria había prendido en Egipto. “Siempre anacrónica, inactual, intempestiva, la revolución llega entre el ‘ya no’ y el ‘todavía no’, nunca a punto, nunca a tiempo. La puntualidad no es su fuerte. Le gustan la improvisación y las sorpresas. Sólo puede llegar, y esta no es su menor paradoja, si (ya) no se la espera”, nos recordaba certeramente Daniel Bensaïd.

Aunque imprevista en su magnitud, la rebelión no nació de la nada. Fue la culminación de un largo periodo de renacimiento de las luchas sociales como consecuencia del impacto de las políticas neoliberales del régimen que comportaron una fuerte polarización social, la generalización del paro y la subocupación y la extensión de la pobreza absoluta hasta el 40% de la población, cuya precaria situación quedó patente con la subida de los precios de los alimentos en 2008 y los años subsiguientes.

La juventud, con un peso destacado de las mujeres jóvenes, fue la protagonista de la revolución del 25 de enero. Sin su empuje, el dictador aún permanecería en su sitio. Pero contrariamente a algunos relatos interesados, no fue la egipcia una revolución sólo de la juventud y de las clases medias, pues los trabajadores fueron decisivos en las jornadas de febrero.

Si bien la caída de Mubarak no fue una “facebook (o twitter) revolution”, como a veces superficialmente se ha presentado, las nuevas tecnologías jugaron un papel determinante, en conjunción con un medio tradicional como la televisión a través de Al Yazira. Las redes sociales y la telefonía móvil tuvieron un rol de aceleradores y precipitadores, favorecieron el trabajo horizontal y en red y actuaron como espacios de politización.

Desde el derrocamiento del dictador, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que rige los destinos del país, ha intentado pilotar una “transición ordenada” en la que “todo debe cambiar para que no cambie nada”. La desautorización de cualquier protesta, y en particular de las huelgas, se ha combinado con la represión política, con más de 12.000 ciudadanos juzgados por tribunales militares en un año. En esta estrategia de cambio limitado y controlado desde arriba, el CSFA ha establecido una alianza de conveniencia con los Hermanos Musulmanes, principales beneficiarios de una transición por vías institucionales. La junta militar ha sido cómplice también de la violencia salafista hacia la minoría cristiana copta, para desviar las reivindicaciones democráticas, sociales y de clase hacia enfrentamientos sectarios.

Las elecciones del pasado noviembre mostraron, como era previsible, la fortaleza electoral y social de los Hermanos Musulmanes, la única organización política con arraigo real y con legitimidad histórica como fuerza opositora. Su proyecto, no exento de contradicciones y de dificultades para articular los intereses de una base social heterogénea, combina un programa económico neoliberal con una política reaccionaria en el terreno de los valores, la familia y la religión.

A pesar de que el islamismo es la principal fuerza organizada y el beneficiario inmediato del cambio de régimen, por primera vez en décadas emergió una corriente significativa de radicalización social al margen de este, que no satisface las aspiraciones de libertad y justicia social de parte de la juventud. Se ha abierto así la base para la reconstrucción, desde un nivel muy bajo, de la izquierda política y social y para poner fin a su declive desde finales de los setenta.

Las protestas en Tahrir y la represión en noviembre y diciembre supusieron la entrada en una segunda fase de la revolución en la que la Junta Militar es ya el blanco de la crítica. Aunque los sectores activistas nunca tuvieron confianza en el Ejército, gran parte de la población lo veía en febrero como un aliado y un garante del cambio. Este segundo estallido social representa un salto adelante en la conciencia política de un sector amplio del pueblo egipcio y de su comprensión de los mecanismos de poder y de la naturaleza de las fuerzas armadas.

Un año después de su inicio, y en un contexto de deterioro económico, la revolución egipcia tiene un desenlace abierto y vive desgarrada entre las fuerzas que quieren darla por terminada y las que quieren continuarla. Su gran victoria ha sido la recuperación de la confianza en la capacidad colectiva para transformar el mundo, tras años de frustración y descomposición social y de ausencia de perspectivas. Pero las conquistas democráticas son todavía frágiles. Las sociales son escasas y la situación de las mujeres está plagada de incertidumbres y nubarrones.

Los procesos revolucionarios no son lineales ni rectilíneos y están poblados de frenazos, acelerones y curvas imprevistas. El reto ahora es ir hasta al final, completar la revolución y conseguir cambios económicos y sociales de calado. Revolución y contrarrevolución libran en el país de los faraones un pulso permanente en el que cada una apela respectivamente a la solidaridad y a la ilusión y al egoísmo y al miedo. En otras palabras, la contrarrevolución busca aflorar lo peor del ser humano. La revolución, lo mejor.

*Josep Maria Antentas, profesor de sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Esther Vivas, miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials de la Universitat Pompeu Fabra.
**Artículo publicado en Público, 01/02/2012.

Las revoluciones árabes del 2011

Por Josep Maria Antentas
Anuario de Movimientos Sociales 2011

El ascenso de la ola de protestas que recorre el mundo árabe[2] desde finales de 2010 cogió a todo el mundo por sorpresa por su magnitud, extensión geográfica, profundidad, y por su arranque en un país aparentemente estable y relativamente próspero como Túnez. Retrospectivamente tenemos que considerar la ola revolucionaria que se ha extendido por toda la región durante este recién finalizado 2011 como el desencadenante de un nuevo ciclo internacional de protesta, cuyas dos expresiones más visibles han sido las revoluciones árabes y la rebelión de l@s indignad@s iniciada primero en el sur de Europa para cruzar después el Atlántico.

Esta ola revolucionaria, aún imprevista, no nace de la nada. Sus razones de fondo son el impacto prolongado de tres décadas de neoliberalismo, las dificultades en la supervivencia cotidiana agravadas por el aumento del precio de los bienes básicos, y el cansancio ante la represión y la falta de libertades y el dominio de regímenes corruptos, en un contexto de falta absoluta “de cualquier modelo de desarrollo creíble capaz de integrar a las nuevas generaciones”[3]. El colapso de los proyectos postcoloniales desarrollistas dio paso a un progresivo giro neoliberal que socavó las conquistas sociales del periodo anterior (más o menos relevantes en cada país en función de su particular trayectoria) dando lugar a regímenes serviles de Occidente sin proyecto político alguno, más allá de su permanencia en el poder y el enriquecimiento de su elite dirigente y a un retroceso de las condiciones de vida del grueso de la población de toda el área.

Contrariamente a otros levantamientos anteriores, desde la revuelta en El Cairo contra la ocupación francesa en 1800 hasta las insurrecciones anticoloniales de la segunda mitad del siglo XX, el objetivo de la actual ola revolucionaria en el mundo árabe no es directamente el imperialismo occidental, sino los propios regímenes domésticos del mundo árabe[4], aunque su existencia y permanencia en el tiempo es claramente identificada por las sociedades árabes como consecuencia del apoyo del imperialismo a los mismos.

A diferencia de otras regiones como América Latina el mundo árabe no vivió un proceso de democratización controlada a comienzos de los noventa en el marco del “nuevo orden mundial”. Dichos regímenes dictatoriales practicaron una “política del vacío” [5] basada en la “consolidación de una ausencia total de alternativas” mediante la represión política y social, bajo el amparo de las justificaciones intelectuales forjadas en Occidente sobre el “atraso árabe” y su falta de madurez para la democracia.

Tras su independencia en 1956 el régimen de Bourguiba impulsó en Túnez un modelo de capitalismo autoritario con fuerte intervención estatal, bajo el cual el país experimento un proceso de “modernización”, urbanización, aumento de la asalarización y mejoras en la condición de la mujer, pero con un muy limitado reparto de la renta. A comienzos de los años ochenta, a raíz de la crisis de la deuda externa en 1982, la situación social empeoró ostensiblemente. Las bases del régimen se tambalearon y en 1984 estallaron fuertes “revueltas del hambre”. El autogolpe de 1987 dio paso al periodo de Ben Ali que impulsó la reestructuración neoliberal de la economía tunecina y su inserción dependiente en la economía global, consolidando un modelo de capitalismo neoliberal basado en la dominación de su clan familiar sobre la economía del país, con vínculos débiles con la propia burguesía tradicional. El ajuste neoliberal provocó pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, un fuerte nivel de desempleo (oficialmente del 14’7% en 2009), sobretodo entre la juventud, y el aumento de subocupacón y la informalización del empleo, que afecta a un 60% de los trabajadores. En estos años Túnez retrocedió repetidamente en el Índice de Desarrollo Humando (IDH), pasando del puesto 78 en 1993 al 98 en 2007. Las desigualdades sociales fueron acompañadas también de polarización regional entre las zonas costeras orientadas al turismo y el interior más empobrecido.[6]

En Egipto las reformas neoliberales auspiciadas por el régimen de Mubarak desde los ochenta, acentuando el proceso de apertura económica (“infitah”) iniciado por Sadat en 1974, y sobretodo su aceleración en los noventa, minaron el modelo desarrollista autoritario establecido por Nasser desde 1952. Dejaron tras de sí una estela de polarización social (un 3% de la población realiza el 50% del gasto en consumo), de concentración de la riqueza (en manos de una elite millonaria conectada orgánicamente con el poder, de miembros del partido gobernante y el ejército) y de hundimiento de las condiciones de existencia del grueso de la población. Se generalizaron la subocupación y el desempleo, que golpea particularmente a la juventud entre ella la universitaria, con un 30% de paro. La inseguridad alimentaria se convirtió en un fenómeno estructural y la crisis alimentaria de 2008 provocó el aumento del 50% del precio de los alimentos básicos, afectando en particular al 40% de la población del país vive por debajo del nivel de “pobreza absoluta” de 2 dólares por día establecido por la ONU[7], e iniciando un ascenso del precio de la comida que continuaría en 2009 y 2010.

El impacto del ajuste neoliberal generó en ambos países el progresivo ascenso de las luchas sociales. En Túnez una fuerte revuelta en la cuenca minera de Gafsa estalló en 2008, como reacción al fraude en las nuevas contrataciones anunciadas por la empresa de fosfato que constituye el centro de la economía regional. Aplastada brutalmente y sin capacidad para extenderse por el conjunto del país, la revuelta en Gafsa fue una primera señal del descontento larvado. En paralelo, las corrientes de izquierda fueron ganando durante los últimos años peso creciente en muchas federaciones locales y sectoriales del sindicato oficial del régimen, la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), autonomizándolas de facto de su dirección oficial central.

Más perceptible aún fue el renacer de la protesta en Egipto. Desde el año 2000 emergió un movimiento de solidaridad con la segunda intifada Palestina y, posteriormente, contra la guerra de Irak. Justo después, en 2004 emergió el potente movimiento pro-democracia Kifaya, que desafió las pretensiones de Mubarak de presentarse a un nuevo mandato en las presidenciales de 2005. En 2006 estalló una huelga en Mahalla, el mayor núcleo industrial de oriente medio. Su victoria estimuló la propagación de conflictos en todo el sector. Dos años más tarde, en abril de 2008, otra revuelta sacudió de nuevo la ciudad, motivada por el aumento del precio del pan. La crisis alimentaria del mismo año, aún sin causar un estallido dramático como las “revueltas del hambre” de 1977, provocó una multiplicidad de protestas y desórdenes locales. Las luchas en Mahalla en 2008 marcaban en cierta forma la culminación de diez años de ascenso progresivo de las protestas obreras, en los que más de 2.000.000 de trabajadores participaron en unas 3000 huelgas ilegales. En su apoyo nació el llamado “movimiento 6 de abril” lanzado a través de Facebook por jóvenes universitarios, luego motor del día de la ira del 25 de enero de 2011, generando un embrión de alianza entre estudiantes urbanos y trabajadores. El mismo año 2008 los trabajadores de hacienda consiguieron crear su propio sindicato autónomo. Aunque sin adquirir una dimensión nacional, se forjó un nuevo movimiento obrero en los centros industriales del país, que obtuvo algunas victorias que fueron cimentando confianza en la acción colectiva[8].

Retrospectivamente, pues, es posible identificar la gestación de una dinámica de acumulación de fuerzas en ambos países (y en otros de la región). Quizás imperceptibles en su verdadera dimensión, aunque no invisibles para los observadores atentos, las luchas de los últimos años, prepararon a modo del topo, “metáfora de quien camina obstinadamente, de las resistencias subterráneas y de las irrupciones repentinas”[9], este ascenso súbito de la protesta popular que hoy sacude la región.

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Tunísia: L’espurna de Buazizi; el començament d’un llarg procés revolucionari

Per Gilbert Achcar

(Aquesta xerrada va ser realitzada a Sidi Bouzid, Tunísia, el 18 de desembre de 2011, per invitació del Comitè per a la Commemoració del Primer Aniversari de la Revolució del 17 de desembre de 2010).

És un gran honor per a mi unir-me amb vosaltres per celebrar aquest primer aniversari del començament de la revolució tunisiana en aquesta ciutat mateixa de Sidi Bouzid, la ciutat de Mohamed Bouazizi, des d’on la primera espurna de la revolució es va estendre com un incendi al conjunt de la regió àrab, il·lustrant així meravellosament la famosa dita xinesa: “una espurna pot calar foc a la plana”.

He constatat amb satisfacció en la carta d’invitació del “Comitè per a la Commemoració del Primer Aniversari de la Revolució del 17 de desembre de 2010″ que heu escollit anomenar l’aixecament tunisià “Revolució del 17 de desembre”, pel dia d’aquesta primera espurna , més que recordar-lo com “Revolució del 14 de gener”, la data en què el dèspota Ben Ali va fugir.

En la discussió en curs a Tunísia per saber quin d’aquests dos noms és més apropiat -excloent el nom enganyós i orientalista de “revolució de gessamí” ja utilitzat per al cop d’estat de Ben Ali el novembre de 1987- estic molt a favor de recordar la revolució pel dia en què va començar, igual que els egipcis han cridat la seva pròpia revolució la “Revolució del 25 de gener”.

La meva preferència és deguda a la mateixa raó que m’ha portat a caracteritzar el que veiem a la regió àrab com un procés revolucionari a llarg termini, i no com una “revolució” acabada que certes persones voldrien reduir a l’expulsió del cap de l’antic règim .

En realitat, la fugida de Ben Ali el 14 de gener, igual que la dimissió de Mubàrak l’11 de febrer, no era res més que una etapa en un procés revolucionari continu, que bé podria prosseguir durant un llarg període, com la revolució francesa . Aquesta va començar el 14 de juliol de 1789, i la major part dels historiadors estan d’acord en considerar que no es va acabar més que deu anys més tard amb el cop d’estat del “18 brumari” (9 de novembre) de 1799 de Napoleó Bonaparte.

Bases socioeconòmiques de la revolució

La meva insistència en el fet de què fem davant un procés revolucionari a llarg termini no deriva certament d’una propensió a projectar el model francès sobre les revolucions àrabs en curs. Espero vivament que el nostre propi procés revolucionari no condueixi a cops d’estat realitzats per nous Bonaparte, encara que tals sortides siguin certament possibles en aquesta part del món que ha conegut tants cops militars en la seva història contemporània.

La meva insistència sobre la llarga durada del procés està més aviat basada en el que hauria de ser evident per a qualsevol que observi els aixecaments actuals: el fet que estan fonamentalment causats per profunds problemes socioeconòmics, fins i tot en els països en què el moviment popular ha combatut i segueix combatent per la democràcia i les llibertats polítiques contra un règim despòtic.

Aquesta realitat salta a la vista si es consideren les revolucions actuals en el context de l’auge de les lluites socials que li van obrir el camí durant els anys precedents. Igualment hauria de ser perfectament evident per a qualsevol que reflexioni sobre el veritable sentit de la primera espurna de la revolució, sortida d’aquí, de Sidi Bouzid.

En efecte, no era principalment l’oposició de Bouazizi a la naturalesa del règim polític a Tunísia el que el va portar pel camí del martiri, sinó les miserables condicions de vida imposades a nombrosos joves tunisians que, com ell, estan obligats a recórrer a fonts de renda marginals i precàries per tirar endavant. Aquestes condicions estan ara ben simbolitzades pel monument de pedra que representa un carro de venedor ambulant, erigit a la plaça central de Sidi Bouzid a la memòria del Mohamed Bouazizi.

Aquesta realitat ha estat ben expressada pels eslògans que han prevalgut en els primers dies de l’aixecament de masses en aquesta província, i després en les províncies empobrides veïnes que constitueixen el que un diari tunisià ha anomenat justament ahir la “conca revolucionària”. L’eslògan de l’aixecament a Sidi Bouzid -”L’ocupació és un dret, banda de lladres!”- Va ser un ressò directe de la revolta de 2008 a la conca minera de Gafsa, que estava centrada en la qüestió de l’ocupació.

D’altra banda, si es considera la divisa triple “Treball, Llibertat, Dignitat Nacional” que ha marcat la revolució tunisiana en l’ona del model de la cèlebre divisa de la Revolució francesa “Llibertat, Igualtat, Fraternitat”, es constata que el que s’ha obtingut fins ara no és més que la llibertat, per molt important que sigui.

Quant a la primera reivindicació sobre l’ocupació, la seva realització no apareix ni tan sols a l’horitzó i si, lliurant-se de la tutela despòtica de Ben Ali sobre el poble, la “dignitat nacional” ha estat parcialment obtinguda, no pot haver dignitat completa sense una vida digna, alliberada de la humiliació de l’atur i de la pobresa.

L’atur i les revolucions àrabs

Dues característiques principals que distingeixen la regió àrab de la resta del món emergeixen quan es pretén identificar les causes de l’enorme commoció revolucionària que afecta tots els nostres països.

La primera és bastant clara. La nostra regió és la major concentració en el món de règims despòtics en un mateix espai geopolític. En canvi, la segona característica és sovint descuidada. Durant nombrosos decennis, hem tingut les més altes taxes d’atur del món (incloent-hi l’atur dels diplomats que, en el cas de Tunísia, ha passat del 5% a més del 22% des que Ben Ali va prendre el poder el 1987).

La nostra regió es distingeix no només per les més altes taxes d’atur de les dones en el món -un aspecte importantíssim del nostre subdesenvolupament- sinó també per les més altes taxes d’atur dels joves, homes i dones de menys de 25 anys. La taxa d’atur dels joves en el que les organitzacions internacionals diuen “Medi Orient i Àfrica del Nord” està al voltant del 24%, quan no és més que del 12% a l’Àfrica subsahariana i del 15% a Àsia del Sud, encara que aquestes regions siguin bastant més pobres i poblades que la nostra regió. Això, sense tenir tan sols en compte el fet que aquestes xifres estan basades en les estadístiques oficials proporcionades pels estats i que tothom sap que estan molt per sota de la realitat. D’altra banda, l’atur reflectit en aquestes xifres es limita als que declaren estar a la recerca d’una ocupació i no han tingut tan sols una hora d’activitat econòmica en el curs dels dies precedents a l’enquesta. Això vol dir que el gran nombre dels que han renunciat a trobar una feina o que estan en activitats marginals que poden justament ser qualificades d ’”atur disfressat” no són tinguts en compte.

És aquesta realitat social fonamental la que constitueix la font profunda de l’onada revolucionària que ha afluït a través dels nostres països. La taxa d’atur rècord és la conseqüència de la debilitat del desenvolupament i l’agreuja conseqüentment, instal·lant els nostres països en un cercle viciós que produeix la marginació social i la misèria, alhora material i moral. Vistes des d’aquest angle, les victòries a Tunísia, a Egipte i a Líbia no són més que la primera etapa d’un procés revolucionari en tres països mancats de llibertat i de democràcia en graus diversos.

Els diners i la política

La primera etapa ha consistit en la conquesta de les llibertats polítiques i la realització d’una democràcia formal fundada en aquestes llibertats. La veritable democràcia, però, no pot ser completa més que si la igualtat s’afegeix a la llibertat -i no només la igualtat de drets, que roman com estrictament formal, sinó també la igualtat dels recursos materials.

En efecte, el principal defecte de les democràcies occidentals -que es reflecteix en la seva crisi profunda, que es tradueix en la feble proporció d’electors que participen en les eleccions- és que constitueixen “la millor democràcia que es pugui comprar amb diners”, com ha dit un crític americà. El procés electoral en una democràcia tan deficient i il·lusòria depèn en gran mesura dels diners, incloent-hi la televisió que és l’eina principal de la propaganda en les nostres societats de l’espectacle. Hi ha temptatives de limitar les absurdes desigualtats creades pels diners en la vida política en alguns països occidentals, en els que l’estat ha imposat un sostre als pressupostos de les campanyes electorals, participa en el seu finançament i permet a tots els candidats presentar la seva plataforma al públic a la televisió. Aquestes temptatives tenen un impacte limitat en relació a l’enorme influència dels diners en política, però representen almenys un reconeixement del problema.

El que hem realitzat fins ara a Tunísia i a Egipte és una democràcia formal però deficient, que limita molt poc el paper dels diners en política, en harmonia amb el tipus de capitalisme salvatge que predomina a la nostra regió. Els dos països han celebrat eleccions per a una Assemblea Constituent que han estat obertament dominades pels diners. Els fons rebuts pels partits religiosos dels països petroliers del Golf han jugat un paper important en aquestes eleccions, a més de la cobertura privilegiada que aquests partits han obtingut de la cadena de televisió àrab més important, Al-Jazira, els llaços amb ells i el suport que els aporta són coneguts per tots.

No obstant això, els diners i la televisió no han beneficiat només els partits religiosos. Han jugat també un paper decisiu en els resultats de llistes com la Petició Popular a Tunis, dirigida per Mohamed Hechmi Hamdi, i la coalició del Partit dels Egipcis Lliures dirigida per Naguib Sawiris, dos empresaris que posseeixen cada un d’ells una cadena de televisió important.

Els partits religiosos han gaudit de recursos importants, a més del prestigi que deriva de que van constituir la força d’oposició principal d’aquests últims decennis (i que han aconseguit construir una organització important al llarg dels anys a Egipte), sense ni tant sols parlar de la seva demagògia religiosa i de la seva explotació dels sentiments dels creients.

No és doncs estrany que l’objectiu principal per a aquests partits després de la caiguda dels dictadors a Tunísia i a Egipte hagi estat afanyar-se a la celebració de les eleccions. Han fet valer que volien accelerar la consolidació de la “revolució” i impedir que fos desviada, però, en realitat, s’han precipitat a recollir els fruits de la revolució abans que altres fossin capaços de disputar-se’ls.

El desenvolupament sense corrupció

En conseqüència, els problemes fonamentals que han desencadenat l’explosió social i el procés revolucionari a la nostra regió, simbolitzats amb gran claredat pel nostre atur rècord, han estat escamotejats a les eleccions, que han estat dominades per les enganyifes de la identitat religiosa, sectària, regional i fins i tot tribal.

Les forces que han acabat per dominar l’escena política presenten “programes” (si se’ls pot dir així) que no difereixen significativament dels dels règims precedents en el terreny social i econòmic, a part d’alguns eslògans vagues i les falses promeses habituals en vigílies electorals. Són promeses buides i eslògans que no es recolzen en cap pla seriós d’aplicació, de fet, aposten per la ignorància dels electors ordinaris.

Les forces que dominen l’escena electoral s’adhereixen totes als principis neoliberals que concedeixen la prioritat al mercat, al sector privat i al lliure canvi, els mateixos principis que han portat els nostres països al seu encallament actual. El greu problema de desenvolupament que pateixen les nostres societats és del tipus de capitalisme que predomina als nostres països, al qual s’afegeix la dominació de la renda petroliera sobre les nostres economies.

És un capitalisme de beneficis ràpids, que no té interès en realitzar inversions productives a llarg termini capaços d’arrossegar un creixement important del nivell d’ocupació, i això tant menys en la mesura que els capitalistes temen la inestabilitat que caracteritza la regió àrab. La veritat és que les condicions revolucionàries que es desenvolupen a la nostra regió, amb l’ascens de les reivindicacions socials que se’n deriva, no faran sinó agreujar la reticència del capitalisme dominant a comprometre’s en inversions creadores d’ocupació.

La veritat indefugible és doncs que el nostre desenvolupament econòmic no es farà recolzant-se en capitals privats. Exigeix ​​una ruptura neta amb el model neoliberal per tal de posar l’estat i el sector públic de nou en el lloc de comandament del desenvolupament i de consagrar els recursos del país a aquesta gran prioritat mitjançant la taxació progressiva i les nacionalitzacions.

Malgrat totes les seves mancances, les polítiques desenvolupistes que van ser posades en marxa a la nostra regió des dels anys 1950 als anys 1970 van tenir un millor impacte i millors efectes socials que les polítiques neoliberals que els van seguir. El que cal avui, és un retorn a les polítiques desenvolupistes d’aquesta època, sense el despotisme i la corrupció que les acompanyaven, quan els règims que els van reemplaçar només van posar fi al desenvolupisme, alhora que mantenien el despotisme i desenvolupaven la corrupció a un nivell molt més elevat.

El fet que les masses s’hagin habituat a sentir la seva veu als carrers i a les places des que la revolució va començar a Sidi Bouzid proporciona la condició clau per al control democràtic popular sobre la concentració del potencial de la nació a mans de l’estat . Això és una condició necessària si el món àrab vol per fi prendre la via del desenvolupament sense corrupció, després d’haver experimentat successivament, des dels anys 1950, un desenvolupament amb corrupció i després una corrupció sense desenvolupament.

Els treballadors i els moviments de la joventut

Perquè està en el cor del procés de producció i combina els coneixements i l’experiència i el saber fer de la classe obrera, el moviment obrer és el més qualificat per controlar les polítiques de desenvolupament de l’estat -mentre roman independent i lliure.

Sabem el paper crucial que el moviment obrer ha jugat tant a Tunísia com a Egipte en la primera fase de la revolució, enderrocant els dictadors i escombrant els símbols i les institucions de l’antic ordre polític. Ningú pot ignorar el paper fonamental jugat per la Unió General Tunisiana del Treball (UGTT) sobre això, ni el paper decisiu del moviment de vagues obreres a Egipte que va començar a estendre’s en els dies que van precedir a la dimissió de Hosni Mubarak. Aquest moviment va conduir igualment a la creació de la Federació Egípcia de Sindicats Independents, les seves files han crescut fins a prop de 1,5 milions de membres en uns mesos.

És aquí on resideix la paradoxa del procés revolucionari al qual assistim. Els homes i les dones del moviment obrer han obert la via a les revolucions a Tunísia i a Egipte i han jugat un paper decisiu en l’expulsió de l’antic règim, però han estat completament absents de l’escena electoral.

Quan el moviment obrer és sens dubte l’única força progressista dotada d’arrels populars i d’una extensió nacional que li permetrien derrotar els partits conservadors i alçar-se al lloc de comandament per posar en marxa el canvi revolucionari necessari, estava físicament absent de la batalla electoral , sense representació política.

Per això, estava igualment absent políticament d’ella, i els partits que han dominat l’escena electoral han ignorat gairebé totalment els problemes de la classe obrera i les seves reivindicacions, relegant-les a una posició molt secundària en el millor dels casos.

El mateix passa amb el moviment de la joventut, amb la seva important component femenina. Ha iniciat els aixecaments i les revolucions, i continua a tot arreu situant-se en la seva avantguarda. I no obstant això, ha estat gairebé totalment absent de l’escena electoral, dominada per organitzacions polítiques dirigides per homes d’edat que preconitzen un ordre moral purità i una regressió cultural obscurantista, lluny de les aspiracions de la gran majoria de la joventut revolucionària.

En definitiva, ens trobem davant d’una discordança històrica de naturalesa social entre, d’una banda, les forces que han obert el camí al moviment revolucionari, que l’han desencadenat i han empès la seva radicalització, escombrant les institucions de l’antic règim, i, d’una altra part, les forces que han dominat l’escena electoral i han guanyat la majoria dels escons al parlament, forces que s’han sumat, totes elles, a la mobilització revolucionària després que hagués començat i després d’haver denunciat, en un primer moment, els que la van iniciar.

Es tracta d’una discordança de naturalesa entre, d’una banda, els problemes de fons que han provocat l’explosió revolucionària i continuen afligint els treballadors, els marginats, les dones i els joves, i, d’altra banda, les forces que s’han posat davant dels projectors polítics i intenten reduir la batalla a una lluita entre el “laïcisme” i l’”islam”. Pretenen monopolitzar l’”islam”, que presenten com “la solució”, il·lustrant així la pertinència de la crítica de la utilització de la religió com un “opi del poble” destinat a desviar el poble dels problemes de fons que li afligeixen.

Aquesta discordança no pot ser superada més que amb la construcció d’una representació política del moviment obrer i mitjançant la seva entrada al terreny electoral amb l’objectiu d’arribar al poder en aliança amb les organitzacions independents dels joves i de les dones.

Mentre aquest objectiu no sigui assolit, les causes que han provocat la tempesta revolucionària no s’esborraran sinó que s’agreujaran, garantint que el procés revolucionari iniciat a Sidi Bouzid el 17 de desembre de 2010 serà clarament un procés revolucionari a llarg termini.

Sidi Bouzid-Tunísia, 18.12.2011

(L’original àrab d’aquest article va aparèixer al diari Al-Akhbar de Beirut el 10 de gener de 2012. Ho hem traduït de la versió publicada en francès realitzada per Jacques Radcliff a partir de la versió apareguda el mateix dia a la pàgina web d’aquest diari).

Traducció: Faustino Eguberri per VIENTO SUR

Las revoluciones árabes del 2011

Por Josep Maria Antentas

Profesor de Sociología de la UAB. Miembro del Centre d’Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball (QUIT)-Institut d’Estudis del Treball (IET). Miembro de la redacción de Viento Sur

El ascenso de la ola de protestas que recorre el mundo árabe desde finales de 2010 cogió a todo el mundo por sorpresa por su magnitud, extensión geográfica, profundidad, y por su arranque en un país aparentemente estable y relativamente próspero como Túnez. Retrospectivamente tenemos que considerar la ola revolucionaria que se ha extendido por toda la región durante este recién finalizado 2011 como el desencadenante de un nuevo ciclo internacional de protesta, cuyas dos expresiones más visibles han sido las revoluciones árabes y la rebelión de l@s indignad@s iniciada primero en el sur de Europa para cruzar después el Atlántico.

Esta ola revolucionaria, aún imprevista, no nace de la nada. Sus razones de fondo son el impacto prolongado de tres décadas de neoliberalismo, las dificultades en la supervivencia cotidiana agravadas por el aumento del precio de los bienes básicos, y el cansancio ante la represión y la falta de libertades y el dominio de regímenes corruptos, en un contexto de falta absoluta “de cualquier modelo de desarrollo creíble capaz de integrar a las nuevas generaciones”. El colapso de los proyectos postcoloniales desarrollistas dio paso a un progresivo giro neoliberal que socavó las conquistas sociales del periodo anterior (más o menos relevantes en cada país en función de su particular trayectoria) dando lugar a regímenes serviles de Occidente sin proyecto político alguno, más allá de su permanencia en el poder y el enriquecimiento de su elite dirigente y a un retroceso de las condiciones de vida del grueso de la población de toda el área.

Contrariamente a otros levantamientos anteriores, desde la revuelta en El Cairo contra la ocupación francesa en 1800 hasta las insurrecciones anticoloniales de la segunda mitad del siglo XX, el objetivo de la actual ola revolucionaria en el mundo árabe no es directamente el imperialismo occidental, sino los propios regímenes domésticos del mundo árabe, aunque su existencia y permanencia en el tiempo es claramente identificada por las sociedades árabes como consecuencia del apoyo del imperialismo a los mismos.

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Les claus que dibuixen un nou món en xarxa

M. CARRERA, P. CASANELLAS I A. GÓMEZ | Setmanari Directa

El 2011 ha estat un any de revoltes. Les societats del món àrab iniciaven a Tunísia, el desembre del 2010, una onada de lluita per les llibertats que després s’escamparia per arreu del món. L’escriptor Santiago Alba Rico, resident a Tunis, va retratar per a l’A Fons la realitat d’aquest país en el període que va seguir a la revolució. En l’article “Tunísia: èxits i límits de la revolució” Alba no tan sols disseccionava el joc d’interessos econòmics i estrangers desplegats en un país massa anclat en la corrupció, sinó que presentava una anàlisi de l’estat del país quatre mesos més tard de l’alçalment popular: dimissions, reformes de la llei electoral i manifestacions durament reprimides. Mesos més tard de les revoltes àrabs, la metxa revolucionària va prendre amb força a les places de Madrid i Barcelona, a partir de les manifestacions del 15 de maig. L’article “Desplaçar-se” intentava reflexionar, de la mà de Carlos Taibo, Francisco Miñarro, Marc Martí i Xavier Domènech, sobre com vehicular el moviment després de l’èxit obtingut.

De la mateixa manera que s’ha espargit la crisi i les mobilitzacions, al llarg del 2011 també han esclatat –alguns més vius, altres més latents– desenes de conflictes arreu del món. De tots els que hem volgut recordar a les pàgines de l’A Fons –Chiapas, Guatemala, el Congo, etc.–, n’hi ha un que es manté, malgrat el pas del temps, al cor de tots els conflictes: el palestinoisraelià. Vint anys després de l’inici de l’anomenat procés de pau entre aquests dos pobles, Ferran Izquierdo reflexionava a l’article “Un Estat palestí?” sobre la consolidació de l’apartheid que viuen les palestines. Així mateix, alertava sobre el perill que representava per a les cinc milions de refugiades palestines la proposta de reconeixement de l’Estat palestí a les Nacions Unides. Com el mur que aïlla Palestina, en el món contemporani hi ha gairebé una trentena de murs que s’erigeixen per separar hemisferis, estats, regions, barris…, però també hi ha ciutadanes que s’organitzen per acostar ribes i comunitats fragmentades. L’article “Murs perforats” deixava constància de tasques com la del col·lectiu de palestines i jueves Junts, el grup israelià Anarquistes contra el Mur o La Casa del Túnel Art Center, de Mèxic, que contribueixen a transformar els mapes i, al mateix temps, la realitat.

En un món que frena la circulació de persones, els capitals, en canvi, gaudeixen d’una gran llibertat de moviments, la qual cosa ha anat en detriment de les condicions de vida i els drets socials de la població. Des de l’A Fons vam prestar una especial atenció a la crisi del deute a la Unió Europea per mitjà de l’anàlisi dels membres de la campanya Qui deu a Qui?, que, davant de les retallades imposades per les creditores (ja fossin inversores privades o organismes internacionals), es preguntaven “Podem dir no?”. Després de constatar que el creixement d’Alemanya s’ha accelerat gràcies a la concessió de crèdits als països més febles de la unió monetària, les autores apostaven per auditar el deute de l’Estat espanyol per poder repudiar-ne aquella part que es consideri il·legítima. També en el terreny econòmic, Lluís Rodríguez retratava, en l’article “Del pacte social a la claudicació permanent”, la reforma del sistema de pensions duta a terme pel govern del PSOE al mes de febrer. L’autor qüestionava que el sistema públic de pensions estigués en perill i, per contra, afirmava que la reforma obeïa als interessos empresarials i especulatius.

A més dels drets socials, els drets ambientals també han estat un tresor amenaçat a molts punts del territori aquest 2011. A l’A Fons hem volgut recollir algunes lluites locals i reivindicacions de grups ecologistes que sovint no troben els altaveus que mereixen. A la Costa Daurada (Tarragona), per exemple, la poderosa corporació Repsol-YPF defugia de les responsabilitats dels delictes ambientals que havia comès. A l’article “Contaminació consentida a les costes tarragonines”, Marc Gavaldà retratava la dependència dels pobles del camp de Tarragona envers la gran multinacional petrolera i altres indústries contaminants. Fums tòxics, relacions clinetelars, silencis i fuites radioactives són alguns dels elements que l’article denunciava. Des d’una visió més global, l’article “El zenit de l’economia mundial” abordava la crisi del model energètic actual, condemnat a una dependència malaltissa del petroli. El text aprofundia en la importància del zenit d’aquest recurs: el moment crític que ens farà canviar radicalment de règim econòmic no per l’esgotament del recurs, sinó per l’assoliment del sostre d’extracció o pic del petroli.

Per últim, pel que fa al món cultural i comunicatiu, vam intentar retratar un dels fenòmens de l’any: les filtracions de WikiLeaks. A través de “WikiLeaks, un principi”, plantejàvem l’aparició d’aquest portal teòricament col·laboratiu per aconseguir i difondre filtracions no com una revolució tècnica o un avenç en el periodisme d’investigació, sinó com un punt d’inflexió en la manera d’entendre la circulació de la informació i el dret d’accedir a dades sobre allò que ens afecta. Un altre dels temes destacats en aquest últim apartat va ser l’anàlisi de les llengües amenaçades. A l’article “La causa oblidada” denunciàvem la pèrdua de diversitat cultural que suposa la mort d’una llengua cada dues setmanes (segons dades de la UNESCO).