Vallirana, la banca y la censura

Qué más decir del millon de personas que pasan hambre en españa, mientras el grandes supermercados tiran toneladas de alimentos a la basura. De los más de 400.000 desahucios oficializados y de los tres millones de viviendas vacías. De la entrega de miles de millones a la banca y de los recortes en prestaciones sociales, sanidad y educación, recortes democráticos, represión, subida de impuestos, reformas laborales y todo un indignante conjunto de medidas impopulares que no sólo buscan el beneficio cortoplacista del gran capital y cuadrar sus números especulativos, sino empobrecer la población, desarmarla y atestar un golpe definitivo a la clase obrera. Porque las clases existen. Y cada dia somos más conscientes de que lugar ocupamos en esta sociedad.

El pasado domingo por la noche una pancarta que decía “La banca gana, el pueblo pasa hambre” fue colgada en las puertas de Vallirana, justamente en la antigua fábrica ElGorriaga cuya vaya se ha convertido en una de los principales paneles informativos alternativos. A lo largo del lunes fue descolgada por desconocidos. Si la revolución no será televisada, de lo que está claro es que a esos banqueros u otras “grandes” personalidades locales que se sintieron incómodos con esa verdad, que todo el mundo conoce, y que por todos los medios buscan ocultar, restan desesperados viendo como un pueblo empieza a despertar y a plantarles cara. Pero lo que más les asusta es que la verdades no pueden ocultarse, o al menos por mucho tiempo y a la mayoría de la población, siendo ahí donde reside su desesperación por tratar de borrar cualquier grito que empuñe la verdad: la banca es en parte culpable, cómplice y autor del hambre que empieza a escamparse, de la desesperación de cientos de miles de familias, de un robo sistemático de riqueza popular que hacen fluir hacia los culpables de la crisis.

En el último año, dos han sido, por lo que sé, los actos de protesta que se ha presentando de forma anónima en las entidades financieras de este pueblo. Una vez, los bancos quedaron adornados con innumerabes carteles. Otro, y muy reciente, el spray rojo se hizo presente, también gritando grandes verdades. Curiosamente no ecuché por el pueblo comentario negativo a tales acciones. Más bien, el sentimiento que se respirada en la calle era el de sorpresa, admiración, y luego, nuevamente, repulsa a tales entidades.

La indiganción crece. Hay culpables. Hay alternativas. Y no nos harán callar. Podrán ocultar la verdad a unos pocos durante mucho tiempo. Podrán ocultar la verdad a la mayoría durante un espacio corto de tiempo. Pero lo que nunca conseguirán es ocultar la verdad durante mucho tiempo a la mayoría.

Rajia

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